Fernando,  desde hace más de 30 años su empresa de servicios, ha sido el sustento familiar. Ahora que su hijo se gradúa de bachiller le aconseja estudiar administración de empresas para que continúe manejando la empresa familiar, cuando él se retire. Sin embargo Raúl, su hijo, tiene otros proyectos para su vida profesional.

Su padre viene a nosotros para que le ayudemos a guiar a Raúl,  y tome una decisión acertada para la escogencia de su carrera.

Hicimos una cita con Raúl, en ella nos contó que su sueño era ser Chef, que seguir con la empresa de su padre no le parecía lo mejor para él. Aunque reconocía que habían vivido muy bien gracias a la empresa  familiar, y al buen manejo que le había dado su padre.

Hace unos tres años su hermano Camilo, Ingeniero Industrial, había entrado  a la empresa familiar ya que no había conseguido  trabajo. Sin embargo, Raúl asegura que su hermano no es feliz, y que no ha podido ejercer su profesión, ya que su padre lleva las riendas de la empresa y no acepta, en muchas ocasiones, la buena asesoría que le propone Camilo.

Este caso parecía muy claro. Un padre que ha manejado una empresa familiar y quiere que sus hijos la continúen, ¿pero a qué precio?

Comenzamos, entonces, a realizar actividades que nos dieran luces sobre si Raúl tenia las aptitudes para ejercer la profesión de Chef. Además,  analizar  qué tan talentoso y feliz iba  a lograr ser ejerciendo  esta ciencia.

Invitamos a un gran maestro de la cocina, especialista en Wok, para que cocinara con Raúl y compartieran conocimiento. Nos fuimos con Raúl y el chef a mercar. La plaza de mercado más clásica de la ciudad. Estuvimos a las 4:00 A.M. comprando el mejor pescado, la más selecta verdura y algunos productos necesarios para hacerlos al  Wok. Raúl se fue muy bien vestido, su calzado impecable, pero después de caminar por la plaza de mercado su vestuario estaba sucio y su aspecto un poco cansado.

Llegamos a mi casa a preparar el Wok.  El Chef y Raúl se dieron a la tarea de preparar un plato con verduras salteadas y pescado. El maestro estaba impresionado de la agilidad, seguridad y confianza que Raúl tenía en la cocina. Cogía los productos con la delicadeza,  pero también con  la seguridad que es propia para esta tarea.

Raúl manejo el Wok  casi como un experto. El maestro comentaba que los alumnos, tenían que pasar mínimo cuatro semestres para manejar, con ritmo y confianza, la mezcla de los alimentos para que se integraran con perfección, no se pegaran y lograran los aromas que se dan cuando se mezclan adecuadamente en el Wok.

Muchas veces el maestro se dirigía a mí fascinado mostrándome como  Raúl,  tomaba el mango del Wok  con su mano derecha y lo movía al ritmo que lo haría un experto.

Mi misión, en este escenario, era el de confirmar el talento  de Raúl. ¿Qué tanto disfrutaba la tarea?  ¿Cómo se comportaba en la cocina? Su creatividad, su orden, su pasión dentro del escenario. Esto lo iba registrando gracias a mi cámara que siempre estaba conmigo.

Después de esta experiencia, calificada por el maestro de cocina con un 8, siendo 10 la excelencia. Hice algunas citas con los dueños de varios restaurantes con los que Raúl se identificaba.

La sorpresa fue increíble para Raúl, saber que estos grandes Chef,  habían estudiado en  Paris, en Le Cordon Bleu, donde él, también,  quería estudiar.

Raúl estaba muy emocionado y ansioso viendo, al frente de él, lo que él quería para su futuro. Hombres de carne y hueso que le iban contando su experiencia profesional, la que él estaba soñando, y parecía que se le iba de las manos si su papá no lo apoyaba.

Cuando terminamos estas maravillosas reuniones, le preguntaba a Raúl, si todavía quería seguir esa profesión. Mirándome con una sonrisa de satisfacción total, me decía:

—¡Ahora más que nunca!

La investigación seguía, yo veía a Raúl cada vez más apropiado de su decisión. Ser un gran Chef. Visitamos esa semana cuatro productores de otros reconocidos restaurantes. Las visitas fueron, muy complejas pero a su vez Raúl pudo ver lo enmarañado de su profesión. Detalles que no se revelan más que en la vida profesional, en los escenarios ya reales. Cada uno de estos entrevistados nos dio media hora de su tiempo. Mientras nos contaban su misión, y el día a día en sus restaurantes, los teléfonos fijos y celulares no paraban de sonar. Pero lo que nos interesaba era ver esa puesta en escena, en tiempo real. Las miradas de Raúl y yo  identificaban  lo  complejo del negocio. Las dificultades en obtener más economía, excelencia en los productos, y cumplimiento, entre otros resultados.

Dos de nuestros entrevistados, no nos  atendieron realmente. Nos hicieron seguir a sus oficinas, pero solo con gestos nos indicaban que pronto nos atenderían, ya que los teléfonos y los problemas por resolver no paraban.

Salimos de la última cita con los productores, hubo un silencio prolongado entre Raúl y yo. Nos miramos, y le hice la misma pregunta que le hice cuando salimos de las entrevistas con los Chef. Raúl, lleno sus pulmones de aire, y me dijo:

Me encanta resolver problemas, es solo carpintería, lo podemos hacer mejor en mi restaurante.

Ya estaba hablando de su restaurante, de hacerle mejoras, de pensar en su estrategia. Qué más puedo pedir, Raúl estaba donde quería estar y ese era su lugar.

¿Qué seguía ahora? Hacer el examen de Orientación Profesional, en una organización que nos aseguraba todas las técnicas modernas y fidedignas para investigar si Raúl era apto para esta ciencia o no.

Los exámenes duraron 4 horas, Raúl salió cansado, me aseguro que había contestado lo que sabía

Pues él también estaba muy interesado en corroborar con los expertos si él estaba en lo cierto.

Preparamos un video con todas las experiencias vividas durante estos dos meses. Un documento conductor de toda la experiencia vivida por más de 3 meses. Igualmente recibimos los resultados de los exámenes que hizo Raúl en Orientación profesional. Solicite  una reunión con los padres de Raúl y el líder.

Hice una invitación a almorzar a la familia. En los primeros momentos de esta reunión, Raúl estaba ansioso, todavía no sabía los resultados a los que  mi equipo de colaboradores y yo habíamos llegado. Raúl sugirió algunos platos para sus padres, hablo con el mesero, y le solicito un vino blanco, para saborizar el pescado que habíamos ordenado.

Mientras que almorzábamos, mi misión era ir hablando de toda la experiencia que fuimos armando con la investigación. Por su parte, Raúl hacia el mejor papel: describir sus emociones en cada situación. Comento a sus padres que conoció a los dueños de los mejores restaurantes de la ciudad. Que le habían dado su celular y correo. Que incluso le habían dicho que era bueno estudiar en Paris, o la segunda opción hacerlo en Argentina.

Los padres de Raúl se miraban, la madre sonreía sutilmente, mientras que Fernando, al ver a su hijo tan feliz y apasionado con el tema, veía que su sueño, de que Raúl continuara con la empresa familiar, se le iba desintegrando.

Explique a los padres de Raúl, que él estaba hecho perfectamente para asumir esa carrera y, por supuesto, para ser un excelente profesional. Lo había confrontado con el éxito de los dueños de los restaurantes, los relacionistas públicos, los meseros, los productores, y todo lo que compone estas organizaciones y Raúl salía, de estas entrevistas, ¡feliz! Con ideas para el mejoramiento cuando veía que las cosas no estaban llegando a feliz término. En los momentos difíciles Raúl le ponía la creatividad, valor importante y acertado para cualquier situación compleja dentro del negocio. Igual disfrutaba los éxitos de aquellas personas, que entrevistamos.

Estábamos terminando el vino, y Fernando se colocó de pie, y  mirando a su hijo  le dijo:

 — Te acompaño, cuenta conmigo y tu madre para lograr la profesional que quieres,  la de Ser un Chef. Yo, también me coloque de pie y la mama de Raúl igualmente, abrazamos al próximo profesional en Gastronomía y celebramos el estar 100% seguros de que esa carrera era para Raúl.

Pasaron 5 años, Raúl me visito, me trajo unos deliciosos chocolates, y me dio las gracias por  el apoyo que había sido para él con mi asesoría. Raúl se había graduado con honores en Le Cordon Bleu, en Buenos Aires.

Hoy Raúl tiene un restaurante propio en Cartagena, pequeño, pero con clientela selecta, su pasión la comida de mar.

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